INTRODUCCION
 |
La vitivinicultura argentina comenzó en la época de la conquista española,
al traer los colonizadores semillas y estacas de vid. Con sus frutos se
elaboraron vinos para oficiar la Santa Misa. Una incipiente vitivinicultura se
desarrolló en las más variadas regiones del país. Con la inmigración europea
también continuó el aporte de diferentes cepajes a nuestro país.
Las condiciones ecológicas hicieron que las vides perduraran en los lugares
más adecuados, llegando al momento actual con un conjunto de regiones
vitivinícolas que se extienden preferentemente, en las zonas predominantes a lo
largo de la Cordillera de los Andes, entre los 22 y los 42 grados de latitud
sur. A lo largo de más de 2.400 kilómetros, diversos microclimas dan lugar a
dichas regiones vitivinícolas, cada una con sus particularidades ecológicas.
Esta diversidad de condiciones climáticas, permite el cultivo en cada región
de las que resultan más adecuadas, por sus exigencias y características, desde
el punto de vista climático y enológico.
|
La Cordillera de los Andes ejerce una influencia decisiva en el clima de
buena parte del territorio argentino y principalmente de su zona vitivinícola.
El cordón montañoso, determina que las masas de aire húmedo provenientes del
océano Pacífico descarguen su humedad sobre territorio chileno y si penetran
en nuestro país, el aire es seco y caliente, como es el caso del viento Zonda,
típico de la Provincia de San Juan.
En la Argentina, las zonas aptas para la crianza de la vid, como se ha
mencionado, se extienden sobre la Precordillera de los Andes, y preferentemente
en las partes altas y a la vera de los ríos que se desprenden de las cumbres.
Es por eso que en Argentina la vid crece en clima semiárido, con estación
invernal seca, templado o templado frío, lluvias que no pasan de los 250 mm
anuales y donde el riego es, por lo tanto indispensable.
En la mayor parte de la franja señalada, las altitudes son variables entre
los 500 y los 1.500 m sobre el nivel del mar. Los suelos son profundos, sueltos
y permeables, pobres en materia orgánica, nitrógeno
total y fósforo, de reacción alcalina, ricos en calcio y potasio.
Todos los viñedos argentinos están ubicados en zonas secas, con un bajo
régimen de lluvias y una humedad muy escasa, por lo tanto, las escasas
precipitaciones obligan a que los viñedos se desarrollen irrigados por una
compleja red de canales que distribuyen el agua proveniente de los deshielos
cordilleranos que forman ríos de régimen irregular, cuyas crecidas estivales
son captadas y almacenadas por medio de embalses y otras obras hidráulicas.
Al aprovechamiento del agua superficial debe añadirse la captación de agua
subterránea. La irrigación artificial permite que la provisión de agua al
viñedo pueda efectuarse en los volúmenes y épocas más apropiadas, conforme
al estado vegetativo de las vides y a la calidad que se busca obtener. El riego
se realiza por diversos sistemas: por surcos, a manto, por goteo.
Dos factores marcan de manera determinante nuestros viñedos: la abundancia
de sol, que permite una excelente maduración de las uvas que llegan sin
dificultades a su plenitud de aromas, sabores, color y taninos y la altitud
sobre el nivel del mar, dada por la Cordillera de los Andes que
en Argentina alcanza las mayores altitudes en el continente, la cual es causa de
una importante amplitud térmica.
Los factores expuestos constituyen una condición excepcional para la calidad
y el estado sanitario de las uvas, evitando el desarrollo de enfermedades
criptogámicas. Los productos vitivinícolas argentinos son naturales y libres
de residuos de pesticidas. Las temperaturas apropiadas y una gran heliofanía
(presencia del sol) durante todo el año permiten que las distintas variedades
de vid cultivadas puedan completar perfectamente su ciclo vegetativo alcanzando,
sus frutos, madurez industrial y niveles de calidad óptimos.
La Zona Vitícola Argentina puede ser dividida en tres regiones bien
diferenciadas por sus características ecológicas netamente definidas y la
diversidad de sus suelos: la Región Noroeste donde se destacan las zonas
de Perico y el Carmen, los Valles Calchaquíes, Valles de la Provincia de
Catamarca y la Rioja (Chilecito-Nonogasta) la Región Centro-Oeste con
San Juan y Mendoza como las zonas más importantes y la Región Sur donde
resaltan los Altos Valles del Río Negro.